Se debe estar muy enfermo de las estructuras cerebrales para ser capaces de pretender organizar una guerra entre dos naciones hermanas, como lo son Venezuela y Colombia;  y más aún cuando son hermanas “siamesas”, como tan precisa y objetivamente las definió el dirigente nacional Horacio Serpa. Con Venezuela, compartimos 2.219 kilómetros de fronteras, traducidos en ríos vitales para nuestras naciones como el Orinoco, el Meta, el Arauca, el Catatumbo.  Centenares de kilómetros en selvas exuberantes que le aportan al mundo inmensas cantidades de oxígeno, con las que sobrevivimos a la locura del “cambio climático”. Y los inmensos aportes alimenticios generados en hermosas y feraces llanuras donde se pierde la exclusividad de una sola nación y se es llanero colombo venezolano, con un solo corazón y una sola patria.

Y qué decir de nuestra historia. La historia de Venezuela y Colombia es una sola hasta el confuso momento en que pudieron más las desavenencias y los egoísmos de caudillos regionales que la construcción de ese gran proyecto histórico emancipador que fue la Liberación de nuestras repúblicas del yugo y la opresión extranjera. La figura cimera del Libertador Simón Bolívar en la estrategia y la persistencia organizativa, fiscal y táctica del general Santander, son las que logran explicar la realización de una magna epopeya como la fue, sacar hasta el último soldado español del territorio suramericano.

Y qué decir de las miles de familias que somos colombo-venezolanas, porque hemos nacido, vivido y crecido allí, en ese territorio de frontera que tiene su propia idiosincrasia y su propia cultura. Quienes hemos enfrentado y sobre llevado “las verdes y las maduras” en las fluctuantes olas de cambio que han ocurrido en esas regiones de nuestras querencias y afectos.

No logramos entender porque frente a las primeras dificultades que surgen con Venezuela, la única idea que se viene a la cabeza es la de la guerra. La peor y más terrible de todas las opciones. La más irracional y absurda de todas las salidas. No nos hemos detenido un solo minuto a pensar que, por muchos años, los venezolanos nos recibieron por miles, a los colombianos y allá encontramos patria, trabajo, educación, salud y un territorio donde levantar a nuestras familias. Los colombianos en Venezuela sumamos algo así como 5.000.000. Frente a esta realidad, lo que debemos hacer los colombianos es encontrar las formas para agradecer ese pasado y disponer lo mejor de nosotros para ayudar en la superación de las graves dificultades, que hoy acompañan a nuestras naciones hermanas.

Algunos dirán que la razón principal de este conflicto latente está, en el cambio del modelo político y económico que instauró Venezuela desde el advenimiento de Hugo Chávez al poder. Yo les quiero decir que en el año de1962,  y a raíz de la declaratoria de “Revolución socialista” que hizo el líder Fidel Castro y que generó tanto malestar en los gobiernos de América, comenzando por el de los EE. UU. el dirigente Nacional, Alfonso López Michelsen, posteriormente presidente de Colombia, escribió un sesudo prologo para la obra “CUBA, EL VECINO SOCIALISTA”, donde demostraba como los diferentes países del hemisferio tenían que respetar las opciones políticas e ideológicas que cada quien asumiera para  su propia nación, en la búsqueda democrática de un modelo que satisficiera a sus ciudadanos.

Hoy más que nunca las palabras del expresidente López Michelsen deben ser tenidas en consideración y entender que la Paz será el respeto a las decisiones sagradas de las naciones, enmarcadas en la concepción jurídica internacional que las naciones del mundo “Deben respetar la libre autodeterminación de los pueblos”.  

No aceptamos, ni aceptaremos la guerra entre hermanos como el camino ingenuo y perverso de creer que por allí podremos lograr la solución a las desavenencias y conflictos. Lo repetimos, solo el manejo racional y además respetuoso de nuestras contradicciones secundarias, será el camino sabio para que nuestras naciones sigan siendo el espacio natural de nuestras realizaciones, que nos concedieron los Padres de nuestra nacionalidad.  

Por eso, Como hermanos no aceptaremos Nunca la Guerra, entre Colombia y Venezuela.

Alonso Ojeda Awad

Ex. Embajador de Colombia en Europa.

Vice. Presidente del Comité Permanente de Defensa de los Derechos Humanos - CPDH.

 

Con especial alegría y satisfacción queremos comunicarles que vamos a realizar los días 15, 16 y 17 de noviembre del presente año “El XII Foro Nacional por los Derechos Humanos, Defender la vida y Construir la Paz”, en la ciudad de Bogotá D.C. Este significativo esfuerzo pedagógico y social, está siendo convocado por decenas de Organizaciones sociales Defensoras de los Derechos Humanos y de diferentes Organizaciones sociales, encabezadas por el Comité Permanente de Defensa de los Derechos Humanos – CPDH.

Leer más...

Hace muchos años llegaron aquí unos señores extranjeros que conocían de la existencia del arbusto llamado popularmente “árbol de coca”, que crecía en forma silvestre en nuestras tierras ardientes y que nuestras abuelas utilizan sus hojas en infusión, a modo de té, para calmar los dolores de estómagos y los decaimientos.

Leer más...

Fui invitado por la Conferencia episcopal al lanzamiento de la “Semana por la Paz. Esperanza y vida” que cada año convoca, con renovada fe y esperanza, a todas las mujeres y los hombres de buena voluntad, a persistir en el inclaudicable compromiso de lograr, más temprano que tarde, la aspiración suprema de una sociedad en Paz, convivencia y justicia social y que se realizara en todo el territorio nacional entre el 2 al 9 de septiembre de 2018.

Leer más...

Tengo muy gravado en mi memoria las tardes frescas de Aguachica, Cesar, cuando mi abuelo Elías Awad Aboenck cerraba las puertas de su almacén “Monte Líbano” y comenzaba su agradable conversación, recordando a su inolvidable tierra natal, Beirut, Lebanon, donde indiscutiblemente aparecía en forma sistemática la palabra mágica de “Palestina”. Crecí en medio de esas historias inolvidables del medio Oriente, relatadas en forma magistral por mi abuelo.

Leer más...

Debo decirles que el nombramiento presidencial de la líder Carmen Inés Vásquez Camacho, como Ministra de la Cultura, produjo en nosotros mucha alegría y regocijo. Y no era para menos. Conocedores del periplo vital de su meritoria existencia que comenzó allá, en ese bello puerto de mar que es Buenaventura, su cuna natal, y que ella con tesón e inteligencia irradió, primero hacía su lindo Valle del Cauca que lleva como impronta indeleble en su sangre y posteriormente llevó hasta coronar las alturas cordilleranas de Bogotá, el centro político y administrativo más importante de nuestra nación. Aquí ha podido desplegar toda la fuerza de sus ancestros afros e indígenas que le vienen en forma directa desde la emblemática abuela que guio sus primeros pasos y le transmitió toda la cosmovisión africana e indígena que es el principal motivo de orgullo, en su existencia.

Leer más...

Debo reconocer que mi encuentro con el viejo compañero de antaño, Arístides Galván, fue inesperado y sorpresivo. De las últimas veces que recuerdo haberlo visto fue por allá en los años 65, del siglo pasado, en la cafetería de la Universidad Nacional y cuando comenzaba a cobrar entusiasmo la figura fraterna de Camilo Torres Restrepo.

Leer más...

Su trabajo ético y la modernización institucional lo consagraron en la administración pública

En su dilatada trayectoria pública, Jorge Arango Mejía fue un ilustrado ciudadano que vivió intensamente el siglo XX. El país pudo apreciarlo como uno de los actores de primer orden en el universo jurídico de los últimos tiempos, con esporádicas incursiones en la práctica política, actividades en las que su pensamiento y su acción pudieron conocerse y valorarse en su extensión y riqueza, siempre que las circunstancias degradadas del discurso político o la crítica situación del país –¡o la corrupción público-privada en su región!– así lo demandasen.

Leer más...

Alonso Ojeda Awad

Me produce honda pena y desconcierto el sistemático asesinato de líderes sociales que está ocurriendo a lo largo y ancho de la geografía nacional, cubriendo de dolor y llanto a humildes familias, quienes quedan derrumbadas psicológicamente y en medio de un mar de impunidades, sin que nadie les explique la razón de tanta tragedia y menos, los  nombres de los asesinos que, escudados en las sombras de la noche o en la claridad del día, en medio del bullicio de la gente, van segando, para siempre la vida generosa de los líderes asesinados.

Leer más...

Vamos por la paz